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El árbol de cacao, Theobroma cacao (o “alimento de los dioses”) es originario de las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco de América del Sur y se domesticó en esta región hace 5.500 años. De ahí fue llevado e introducido a Centroamérica donde se convirtió en un cultivo de gran importancia cultural para los distintos pueblos indígenas como los Olmecas, Mayas, Toltecs o Aztecas. El cacao se usaba como moneda, como ofrenda a los dioses o para preparar bebidas consumidas durante las fiestas y los rituales.

 

Cuando los españoles empezaron a colonizar la región al final del siglo XV, descubrieron el cacao y rápidamente entendieron el valor monetario que podía representar su explotación. Entonces empezaron a invertir para establecer plantaciones comerciales de cacao en las distintas tierras colonizadas.

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La apuesta por la producción orgánica es la clave de la calidad del cacao dominicano.

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El cacao fue introducido en la Isla la Hispaniola (que incluye actualmente Haití y República Dominicana) por los colonizadores a finales del siglo XVI. El cacao introducido provenía de diferentes regiones y no tenía la misma genética. A través de los años, el cacao se fue sembrando de manera indiferenciada sin importar su genética, lo que contribuyó a que el cacao dominicano tuviera hoy en día una base genética tan diversa.

No fue hasta mediados del siglo XIX que el cacao se convirtió en un producto de exportación relevante para el país. El cacao dominicano, en aquella época no fermentado y considerado de poca calidad, era tradicionalmente exportado a través del puerto de Sánchez, de ahí que adquirió el nombre “cacao Sánchez” en los mercados internacionales. Mientras el país exportaba cacao, en los campos los dominicanos preparaban y consumían regularmente algo parecido a lo que son hoy en día las bolas de cacao (pasta moldeada en forma de bola que se obtiene de la trituración con mortero de los granos de cacao tostado).

En los años 90, algunos productores entre los cuales Mallano, CONACADO y Rizek Cacao decidieron dar un giro recuperando antiguas variedades de cacao y mejorando el manejo postcosecha. Estas iniciativas contribuyeron a mejorar la calidad y la reputación del cacao dominicano en los mercados internacionales. Este cacao fermentado y de superior calidad denominado “cacao Hispaniola” recibe hoy en día una prima por calidad sobre los precios en la bolsa. Muchos chocolateros a nivel internacional usan el “cacao Hispaniola” para elaborar sus barras y han ganado premios con ellas.

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El cacao puede tener aromas sutiles naturales a frutas, flores, nueces, especias, caramelo y madera, entre otros, que surgen de una combinación de factores como la genética, el terroir (un resultado del clima, del suelo y de la biodiversidad del entorno), el manejo postcosecha (fermentación y secado). Estas complejidades abrieron la puerta a la elaboración de chocolates a partir de granos de cacao de origen único, como lo habían hecho los viticultores con sus uvas y sus vinos.

Es con este cacao de calidad superior que hoy en día contamos con un sector chocolatero en crecimiento y de gran potencial compuesto por empresas como Kahkow, Chocolates Khao Caribe, Chocolate Chin Chin, Cacaoteca, Definite Chocolate, CHOCOPUNTO, Chokamil, Forteza, Milz Chocolat, Bolitos & Candín, Öko-Caribe y Xocolat, una empresa pionera en la elaboración de chocolates finos y de bombones en la República Dominicana.

Si bien el consumidor dominicano tiende a preferir los chocolates importados con alto porcentaje de azúcar, el trabajo de educación y sensibilización de estos fabricantes en los últimos años está contribuyendo a cambiar poco a poco los patrones de consumo local.